La niña del bote: La experiencia de una soñadora

Un extracto del nuevo libro de Ruth Jean

LOS COMIENZOS …

Mientras crecía, siempre sentí esa necesidad de saber a dónde pertenecía, dónde encajaba. Mi piel era negra, pero como mis padres y yo habíamos nacido fuera de Estados Unidos no encajaba del todo en la comunidad negra americana.

A los grupos de haitianos que huían del régimen dictatorial de Duvalier en los años setenta y ochenta, se los conoce como “Boat People” (en español, “la gente de los botes”) o los refugiados del mar. Llegamos literalmente a las costas del sur de Florida en botes, huyendo de la dictadura, buscando una vida mejor, buscando la libertad, buscando la prosperidad. Era demasiado pequeña para recordar mi viaje en bote hasta aquí. Solo conozco las historias que solía contarme mi madre, y su memoria era clara como el agua.

Mi madre es una mujer compleja, emocionalmente fuerte, con la sabiduría que te da la calle. No tiene un alto nivel de educación: solo estudios primarios. Pero su sabiduría y su valor la convierten en mi heroína.

Mi madre es lo que llamamos en criollo haitiano un “poto mitan”, que es el poste que impide que una estructura se derrumbe. Literalmente, el poste del medio. Mi madre huyó de Haití casi con treinta años y se trasladó a la cercana isla de Nassau (Bahamas). Su estancia en las Bahamas duró lo suficiente como para tener tres hijos pequeños. Soy la mayor de los tres, y nacimos con dos años de diferencia. No hace falta decir que estamos muy unidos. Cuando mi madre decidió huir de las Bahamas, yo tenía unos tres años. Mi hermanito tenía alrededor de un año y mi hermanito bebé era esencialmente un recién nacido. Mamá se enteró de que papá estaba intentando enviarnos a Haití para que nos criara nuestra abuela paterna, algo inaceptable para ella.

Peor aún era el trato que las autoridades bahameñas daban a los niños nacidos en Bahamas de ascendencia haitiana. Aunque habíamos nacido en Bahamas, no nos convertíamos automáticamente en ciudadanos bahameños y podíamos ser deportados. Mamá sabía que Estados Unidos daría a sus hijos la oportunidad que ella no tuvo. Su tía la sacó de la escuela cuando era una niña -algo que ocurría a menudo en su generación- para que se ocupara de la casa. Ella cocinaba, limpiaba y planchaba la ropa, y a cambio se suponía que la enviarían a la escuela. Sin embargo, eso nunca ocurrió.

Mamá hubiera preferido morir antes de ver a sus hijos pasar por lo que ella había sufrido de niña. Anhelaba la tierra de las oportunidades. Estados Unidos era un faro de luz y promesas para los esperanzados.

Mamá era una de las esperanzadas, pero también estaba desesperada, desesperada por que sus hijos tuvieran lo que ella no había tenido. En ese momento, mamá decidió que todo lo que hiciera sería por sus hijos. Lo sacrificó todo por sus hijos al igual que sacrificaría su vida, si fuera necesario. Ahora, que soy madre de tres hijos, he llegado a comprender el enorme sacrificio que hizo mi madre. Su decisión de llevarnos en barco a Estados Unidos cambió mi vida para siempre.

Continuará…

¿No puedes esperar?

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